Bosque · sonido de campo. La cámara trampa
CAM_02 y las grabadoras AudioMoth de la Reserva Manakai: suena la pieza que
está en escena, con su propio audio, y el espectro la lee.
Sesiones del motor BiocracyEngine · la
cadena de bloques sonificada, grabada en vivo. Su sonido deforma la imagen
del escenario.
Elige una fuente para oírla.
Lo que la cámara registró · CAM_02, agosto de 2026
Haz clic en una captura para llevarla al escenario, con el sonido que grabó la cámara. Suena junto con la sesión del motor si hay una: el crossfader las mezcla.
Lo que el micrófono capturó · una noche, de 18:00 a 05:00
Haz clic en una grabación para llevarla al escenario: su espectrograma y su minuto de audio. Suena junto con la sesión del motor si hay una: el crossfader las mezcla.
¿Vigilancia o Parlamento?
Una red de estaciones acústicas (audiomoth) y cámaras trampa lleva 4 años registrando
este fragmento de bosque. Aquí se reúnen algunos de los flujos en una misma
superficie de bosque, conviene precisar de inmediato que la dirección de esa relación: el sonido
que se oye (aquí) no es el de un bosque prístino ya que incluye incidencias de una cadena de bloques pública [Ethereum Mainnet] blockchain que en un momento por venir dejara tambien registros del territorio.
La distinción no es un detalle técnico. Los dispositivos contemporáneos de
registro e identificación de fauna no son instrumentos neutrales de
observación: intervienen como actores mediadores en la
producción de aquello que documentan. Haraway lo formula a propósito de la
cámara acoplada al cuerpo de un animal —la crittercam—: al otro lado
del aparato no hay un ojo inocente, hay un dispositivo material-semiótico donde
el animal, el operador, la óptica y la institución que financia el registro
quedan enredados en la misma imagen. Lo que este trabajo hace es exponer ese
enredo en lugar de disimularlo bajo la forma del dato. E intentar de paso remover la NGO del proceso. Los incentivos de conservación deberán llegar a quienes habitan el territorio.
Leída así, la cadena de sensores deja de ser un aparato de vigilancia
dedicado a capturar esencias —qué es un ocelote, qué especie canta— y
puede funcionar como un parlamento de las cosas en el que
ocelotes, humanos y tecnologías comparecen como agentes de una misma red. La
lógica es la del cualsea agambeniano: el sistema no fija identidades
previas, admite a cada individuo en su singularidad irrepetible, y la identidad
no antecede a la relación sino que emerge de ella. Los ensamblajes que resultan
naturaleza/cultura en vez de reproducirla, y operan a la vez como objetos
representan poblaciones no humanas en la gobernanza de la conservación.
La cadena técnica es la misma: sensor acústico,
vectorización, inscripción. Aparato de vigilancia o Parlamento!, lo que inclina la balanza no está en el código. Está en quién
decide qué se registra, qué se publica y qué se calla. La comunidad de manera amplia participa, a esto le llamo dIAP o Investigación Acción Participativa Distribuida.
El motor [BiocracyEngine] lleva esa decisión a reglas que corren. Las especies detectadas
entran a una asamblea que no las clasifica por su valor económico sino por su
presencia; las bancadas se recomponen siguiendo el calendario fenológico del
lugar en vez de una taxonomía global; y lo que cae bajo el umbral de detección
no se borra ni se pone en cero, persiste como ruido de bajo nivel. Lo que no se
mide sigue participando desde la opacidad.
Composición
Sesión · corte
Nivel medio
Centroide
Lo que hace
hondo
18:42 · 0–486 s (8:06)
−34.7 dBFS
200–520 Hz
La sesión del 28 de septiembre entera, sin cortes. Un minuto casi en silencio, luego cae al grave y crece durante tres minutos hasta su pico —el momento más fuerte, más oscuro y más denso, pasados los cuatro minutos—, y desde ahí desciende despacio hasta apagarse. Toma el lugar de «lecho»: el drone como cama, ahora con su arco completo.
crecida
22:39 · 785–1210 s (7:05)
−35.6 dBFS
270–660 Hz
La segunda mitad de la sesión del 28 de septiembre por la noche, desde un valle quieto. Un solo crecimiento de seis minutos, en el registro grave, hasta el momento más fuerte y denso de la noche; de ahí cae de golpe a una cola baja que se apaga sola.
ascenso
11:13 · 285–345 s
−31.1 dBFS
666 → 3399 Hz
El centroide sube cinco veces mientras el nivel cae: se vuelve brillante y delgado a la vez.
oleaje
21:20 · 0–338 s (5:38)
−36.8 dBFS
400–1600 Hz
La actuación en Santa Anita de principio a fin. El brillo sube y baja en oleadas —del grave al registro medio y otra vez abajo—, hace su pico de flujo pasados los cuatro minutos y cierra con un último empuje antes de apagarse.
cierre
17:31 · 110–385 s (4:35)
−32.7 dBFS
390–3630 Hz
Salta de golpe al registro alto y lo sostiene un minuto, vuelve al grave, y termina con el minuto más denso de la sesión disolviéndose 30 dB hasta el silencio.
Archivo
El escenario de arriba no se queda en esos cuatro clips. Después sigue con
dos archivos completos, alternados igual que hasta ahora —lo que la cámara
registró, lo que el micrófono capturó— y cada pieza se muestra entera, de
principio a fin.
La cámara: las 22 capturas de la cámara trampa CAM_02 en la
Reserva Manakai, del 10 al 22 de agosto de 2026, todas y en su orden, con el
sonido que grabó la propia cámara: la lluvia, los aulladores, un grillo, una
mosca. El micrófono: 36 grabaciones AudioMoth de un minuto, tres
por cada hora entre las seis de la tarde y las cinco de la mañana, de la
estación seca de enero de 2025 y del medio seco de julio y agosto de 2024.
Con bosque elegido arriba, lo que suena es la pieza que está en
escena, y el espectro vivo la lee mientras suena. El espectrograma se dibujó
desde la grabación original, que llega hasta el ultrasonido; lo que se oye es
sólo la banda audible, así que buena parte de lo que se ve no se oye.
El anillo que acompaña al pie de cada pieza es el año de la
reserva: empieza en enero, arriba, y gira como un reloj. Sus colores son las
cuatro temporadas del bosque seco —la
seca, de diciembre a marzo; las primeras
lluvias, abril y mayo; el medio seco o
veranillo, de junio a agosto; las segundas
lluvias, de septiembre a noviembre—. La temporada de la pieza se ve más gruesa
y su nombre está en el centro; la marca que cruza el anillo es el día en que se
grabó, el punto recorre su duración, el triángulo de afuera es el día de hoy y
el círculo blanco de adentro se llena mientras la pieza carga.
Dos registros de la misma cámara, el mismo día, con dos minutos y
cinco segundos de diferencia. ¿Es el mismo ocelote
(Leopardus pardalis)? La pregunta parece trivial y no lo es. De ella
dependen los conteos de abundancia con los que se decide si un bosque se
protege o se abre a la minería para explorarlo, léase explotarlo, y si los
fondos de conservación llegan o no.
Las herramientas científicas responden con un porcentaje de similitud,
investido del "rigor" que se le supone a todo lo cuantificado. Ese número
confunde tres preguntas distintas: si un modelo relaciona las dos imágenes, si
las dos imágenes muestran suficiente anatomía compartida para que alguien pueda
compararlas con responsabilidad, y si es el mismo individuo. El sistema que
acompaña este proyecto las separa a propósito y deja abierta la tercera.
Ningún número que produce es una probabilidad calibrada de identidad.
Esa apertura se sostiene en lo que Édouard Glissant llamó el
derecho a la opacidad (Glissant, 1990). En su poética de la
Relación, el otro se acoge con todo su espesor, sin exigirle transparencia.
Comprender, advertía Glissant, arrastra el gesto de prender, de apropiarse; la
Relación propone en cambio un dar-con. Entre las dos fotografías quedan dos
minutos y cinco segundos que la cámara no registró. La postura, el rodeo y lo
que el ocelote hizo en ese intervalo también forman parte de quién es. La
presencia y la vocalización son principios de identidad; la opacidad y el
silencio son principios de privacidad. Un individuo que evade la cámara o que
calla a ciertas horas fija sus propios términos de aparición, y el archivo los
acoge como tales. La identidad del ocelote queda así tramada en la Relación,
entre el animal, el aparato y quienes miran, como un tejido de opacidades que
conviven sin disolverse unas en otras. Lo que la cámara no capturó sigue
participando en la pregunta.
En el escenario de arriba, entre las apariciones del ocelote, se cuelan dos
espectrogramas. No ilustran el sonido que estás oyendo: son grabaciones de la
AudioMoth en la reserva, a 192 kHz, convertidas en imagen — el eje vertical es
frecuencia, el horizontal es tiempo, el brillo es energía.
Puestos uno al lado del otro dicen algo que ninguna de las dos imágenes dice
sola. El de las 18:05 es una franja densa y continua entre 2.7
y 9.5 kHz, sin huecos: el coro de insectos del atardecer, tan tupido que se
comporta como una pared. El de las 06:59, dos días después, es
otra cosa — bandas separadas, trazos que suben y bajan, silencios entre medio.
Ahí hay voces contándose una por una.
De las 91 grabaciones de esa campaña, 57 son de las seis de la
tarde. El resto se reparte entre las siete de la noche y el amanecer.
La hora a la que este bosque quedó registrado no la eligió el bosque: la
eligieron quienes programaron la grabadora. Un archivo es también el mapa de
las decisiones que lo hicieron.
El proyecto en veinte imágenes
El territorio, la comunidad que lo habita, el instrumento que se construyó para escucharlo y los Objetos Liminales que salen del cruce entre territorio, maquinas, capas y campos. Las láminas y sus pies de página vienen de un portafolio del proyecto que deberá crecer con los jovenes de la comunidad de El Balzal.
El territorio
01/20Reserva Manakai, bosque seco tropical, Córdoba. Vista aérea del fragmento y su borde de potrero: la forma exacta del problema. De los nueve millones de hectáreas de bosque seco que tuvo Colombia persiste hoy cerca del 8 %, en remanentes como este.02/20Anochecer sobre el dosel. La hora en que el coro diurno cede y entra la fauna nocturna: el cambio de turno que las grabadoras registran todas las noches del año.03/20Registro nocturno de cámara trampa: un felino manchado cruza el sotobosque a las 21:33. El aparato fecha y mide la temperatura de cada aparición; el archivo sonoro hace lo mismo con lo que no se deja fotografiar.04/20Huellas frescas en el barro de un bebedero. Antes que cualquier sensor, este es el registro que la gente del lugar ya sabe leer.
La comunidad y el método
05/20Cartografía colectiva del departamento de Córdoba dibujada en tablero, presentada en una exposición dedicada a Orlando Fals Borda (Montería, Colombia), quien desde una antropología social desarrolló el método de Investigación Acción Participativa que guía este proyecto. Aquí los nombres los ponen quienes participan del ejercicio: el mapa no se entrega hecho ni viene de afuera.06/20Jóvenes reunidos en la casa comunal de El Balzal, junto a la reserva. Este es el lugar y el formato en que se sostendría el laboratorio de escucha: donde la comunidad ya se reúne, y no en un aula.07/20Recorrido de reconocimiento con habitantes del territorio para decidir dónde van las estaciones de escucha. La ubicación de un micrófono es una decisión sobre qué se vuelve audible.08/20Equipo de campo: grabadora, micrófono, audífonos, botas. Nada de esto exige formación previa. La beca no compra hardware —ya existe—: sostiene el proceso de aprender a usarlo entre todos.
El instrumento
09/20Estación de registro instalada y amarrada al tronco. Permanece semanas en el sitio grabando sin nadie presente; recuperar la tarjeta es la rutina que estructura el año de trabajo.10/20Espectrograma de un evento detectado por el sistema. La franja continua es el coro de insectos; los trazos que la cruzan, voces individuales. Aquí la escucha se vuelve dato — y el dato, materia de composición.12/20Aplicación de registro georreferenciado en campo: cada grabación queda con fecha, duración, nota y especie. Las coordenadas aparecen reservadas — el criterio de opacidad que el proyecto propone se aplica también a su propio portafolio.11/20Calendario fenológico de la reserva: 72 especies censadas ordenadas sobre el año, con el régimen de lluvias en el anillo exterior. Es el instrumento que quedaría instalado en el territorio al final del proceso.13/20«Parliament of All Things»: interfaz en vivo del motor. Cada especie acústica detectada entra con su categoría de riesgo UICN y un peso de voto; el estado del bosque modula el sonido de la sala en tiempo real.
La obra
15/20Simulación de montaje de la instalación multicanal en sala: espectrogramas proyectados, sistema envolvente de altavoces, escucha de pie.20/20Trabajo de campo con sistema de grabación y transmisión en Désert Numérique, Saint-Nazaire-le-Désert (Francia). Práctica sonora de campo de la que este proyecto es continuación.17/20Segunda variación de la propuesta en campo, con el sistema abierto al bosque y sin sala que lo contenga.
Trayectoria
18/20«[de] Bioacústica [a] Biocracia. Parlamento de lo Vivo en el Bosque Seco Tropical», tesis doctoral en curso — Doctorado en Diseño, Arte y Ciencia, Universidad Jorge Tadeo Lozano; dirección de Felipe César Londoño.19/20«Especies y Espectros: de la bioacústica a la escucha profunda en las artes mediales», encuentro co-organizado en el Museo de Arte Moderno de Medellín con la University of Illinois y el MAMM.
Con quién
Nada de esto se sostiene como software solo. El proceso que lo rodea entregará
el archivo y las grabadoras a un grupo de jóvenes de 10 a 15 años del
territorio, junto al semillero BioDiverso–Fauno de la Universidad de Córdoba,
en encuentros en la casa comunal de El Balzal.
Tres movimientos que se repiten: escuchar —mantener las
estaciones, recuperar las tarjetas, sostener la atención—,
vectorizar —convertir esa escucha en datos con herramientas
libres— y componer —volver ese material obra—. El eje político
está en el segundo. Por eso una parte explícita del trabajo consiste en decidir
colectivamente qué no se hace público.
Una grabadora lleva dos años registrando este bosque sin que la comunidad que
vive con él haya oído lo que la máquina guarda. Devolver esa escucha es el
trabajo; esta página es una parte pequeña de él.
Dónde se presenta
Este trabajo se presenta en «La pluralidad de la escucha»,
que reúne la segunda edición de Re:Mediaciones — Encuentro de Artes
Electrónicas y del Cuerpo con el III Congreso Colombiano de Bioacústica
y Ecoacústica (septiembre–octubre de 2026), y tiende un puente con la
exposición «Ejercicios de empatía: salida interior» de la
Trienal de Arte de Universidades Católicas. Los marcos curatoriales y
metodológicos son distintos y la confluencia es deliberada: lo que comparten
son prácticas que movilizan otras formas de percibir, de relacionarnos y de
habitar el mundo.
La bioacústica y la ecoacústica se han dedicado a comprender la comunicación
de las especies y las circunstancias acústicas de un entorno, clasificando los
fenómenos sonoros en biofonías, antropofonías y geofonías (Krause, 2012). Lo
que se propone aquí desborda ese campo para integrar el arte, la comunicación y
las ciencias sociales: la escucha como espacio de mediación para el
reconocimiento de lo «otro» — de otras especies, de otros paisajes, de
otras comunidades humanas y de otras expresiones tecnológicas.
Este Objeto Liminal ocupa los cuatro registros que el encuentro convoca, y no de manera
abstracta. La acustemología, porque lo que hay aquí es la narración de
lo escuchado. La grabación de campo, que es literalmente su materia:
la de una grabadora atada a un tronco. La escucha afectiva, que
es lo que ocurre cuando ese archivo se devuelve a quienes viven con el bosque y
nunca habían oído lo que la máquina guardaba. Y la escucha
fenomenológica, que es la pregunta que queda al detenerse ante un
espectrograma sin saber todavía qué fue eso.
Alejandro Duque Jaramillo · Reserva Manakai, Planeta Rica, Córdoba ·
Tesis doctoral en Diseño, Arte y Ciencia, Universidad Jorge Tadeo Lozano.
Las coordenadas de las estaciones de escucha se mantienen reservadas.