Terrorismo poŽtico y Sabotaje del arte Hakim Bey "Terrorismo poŽtico", y "Sabotaje del Arte", textos recogidos en CAOS: Los pasquines del anarquismo ontol—gico (1984) y publicados en T.A.Z. Zona Temporalmente Aut—noma, Ed. Original: Autonomedia, P.O.Box 568, Williamsburg Station Brooklyn, NY 11211-0568, EEUU; Ed. Espa–ola: Talasa, 1996 c/ Hileras, 8, 1Ľ dcha; 28013 Madrid, traducci—n de Guadalupe Sordo. Terrorismo PoŽtico BAILES INVEROSęMILES EN CAJEROS autom‡ticos nocturnos. Despliegues pirotŽcnicos ilegales. Land art, obras terrestres como extra–os artefactos alien’genas desperdigados por los parques naturales. Allana moradas pero en vez de robar, deja objetos poŽtico-terroristas. Secuestra a alguien y hazlo feliz. Elige a alguien al azar y convŽncele de ser el heredero de una inmensa, inśtil y asombrosa fortuna -digamos 5000 hect‡reas en la Ant‡rtida, o un viejo elefante de circo, o un orfanato en Bombay, o una colecci—n de manuscritos alqu’micos-. Al final terminar‡ por darse cuenta de que por unos momentos ha cre’do en algo extraordinario, y se ver‡ quiz‡s conducido a buscar como resultado una forma m‡s intensa de existencia. Instala placas conmemorativas de lat—n en lugares (pśblicos y privados) en los que has experimentado una revelaci—n o has tenido una experiencia sexual particularmente gratificante, etc. Ve desnudo como un signo. Convoca una huelga en tu escuela o lugar de trabajo sobre las bases de que no satisfacen tus necesidades de indolencia y belleza espiritual. El arte del graffiti prest— cierta gracia a los laidos subterr‡neos del metro, y a los r’gidos monumentos pśblicos; el TP tambiŽn puede ser creado para lugares pśblicos: poemas garabateados en los lavabos del juzgado, peque–os fetiches abandonados en parques y restaurantes, arte en fotocopias bajo el limpiaparabrisas de los coches aparcados, Consignas en Grandes Caracteres pegadas por las paredes de los patios de recreo, cartas an—nimas enviadas a destinatarios conocidos o al azar (fraude postal), retransmisiones piratas de radio, cemento fresco... La reacci—n o el choque estŽtico provocados por el TP en la audiencia han de ser al menos tan intensos como la agitaci—n propia del terror -asco penetrante, excitaci—n sexual, asombro supersticioso, angustia dadaesca, una ruptura intuitiva repentina- no importa si el TP va dirigido a una sola o a muchas personas, no importa si va "firmado" o es an—nimo, si no transforma la vida de alguien (aparte de la del artista) es que no funciona. El TP es un acto en un Teatro de la Crueldad que no tiene ni escenario, ni filas ni asientos, ni localidades, ni paredes. Con objeto de que funcione en absoluto, el TP debe desvincularse categ—ricamente de toda estructura convencional del consumo del arte (galer’as, publicaciones, media). Incluso las t‡cticas de guerrilla situacionistas de teatro callejero resultan ya demasiado conocidas y previsibles. Una seducci—n exquisita -conducida no s—lo por la causa de la mutua satisfacci—n sino tambiŽn como acto consciente en una vida deliberadamente bella- puede ser el TP definitivo. El terrorista P se comporta como un estafador cuyo objetivo no es el dinero, sino el CAMBIO. No hagas TP para otros artistas, hazlo para gente que no repare (al menos por un momento) en que lo que has hecho es arte. Evita las categor’as art’sticas reconocibles, evita la pol’tica, no te quedes a discutir, no seas sentimental; se implacable, arriŽsgate, practica el vandalismo s—lo en lo que ha de ser desfigurado, haz algo que los ni–os puedan recordar toda la vida -pero no seas espont‡neo a menos que la musa de TP te posea-. V’stete. Deja un nombre falso. Se legendario. El mejor TP est‡ contra la ley, pero que no te pillen. Arte como crimen; crimen como arte. Ę Ę Sabotaje del Arte EL SABOTAJE DEL ARTE BUSCA ser perfectamente ejemplar y al mismo tiempo retener un cierto elemento de opacidad -no propaganda, sino choque estŽtico- terriblemente directo pero sutilmente angulado tambiŽn -acci—n como met‡fora-. El sabotaje del arte es la cara oculta del terrorismo poŽtico -creaci—n por la destrucci—n- pero no ha de servir a partido alguno, ni al nihilismo, ni siquiera al arte mismo. Tal como al desterrar las ilusiones se intensifican los sentidos, as’ la demolici—n de la plaga estŽtica dulcifica el aire del mundo del discurso, del otro. El sabotaje del arte s—lo sirve a la conciencia, a la atenci—n, a la vigilia. El SA va m‡s all‡ de la paranoia, m‡s all‡ de la deconstrucci—n -la cr’tica definitiva- ataque f’sico al arte ofensivo -jihad estŽtica-. La m’nima mancha de mezquino ego’smo o incluso de gusto personal contamina su pureza y menoscaba su fuerza. El SA no puede nunca buscar el poder -s—lo puede liberarlo-. Las obras de arte individuales (incluso las peores) son en gran medida irrelevantes; el SA busca da–ar aquellas instituciones que se sirven del arte para limitar la conciencia y enriquecerse con castillos en el aire. Este o aquel poeta o pintor no ha de ser condenado por una falta de visi—n; pero las ideas malignas s’ que pueden ser asaltadas a travŽs de los artefactos que generan. El Hilo Musical est‡ dise–ado para hipnotizar y controlar -su maquinaria bien puede ser destrozada-. Quemas pśblicas de libros Ŕpor quŽ han de ser fachas y funcionarios de aduanas los que monopolicen este arma? Novelas sobre ni–os pose’dos por el diablo; la lista de libros m‡s vendidos de "El Pa’s"; panfletos feministas contra la pornograf’a; libros de texto (especialmente ciencias sociales, civismo, salud); pilas del "ABC", "El Mundo" y dem‡s prensa amarilla; recortes seleccionados de editoriales cristianas; unas cuantas novelas rosa; atm—sfera festiva, botellas de vino y canutos circulando en una clara tarde de oto–o. Tirar el dinero en la Bolsa fue un tipo de terrorismo poŽtico bastante oportuno; pero destruir el dinero hubiera sido un buen sabotaje del arte. Ocupar retransmisiones de TV y difundir unos minutos pirateados de incendiario arte ca—tico constituir’a una haza–a del TP; pero simplemente volar la torre de transmisiones ser’a un sabotaje del arte perfectamente adecuado. Si ciertas galer’as y museos se merecen un ladrillo ocasional en sus cristales -no destrucci—n, sino un pescoz—n a la complacencia- entonces ŔquŽ pasa con los BANCOS? Las galer’as convierten la belleza en mercanc’a pero los bancos transmutan la imaginaci—n en heces y en deuda. ŔNo ganar’a el mundo un grado de belleza con cada banco que se pudiera hacer temblar... o caer? Pero de quŽ manera? El sabotaje del arte deber’a seguramente mantenerse alejado de la pol’tica (es tan indigesta...) -pero no de los bancos-. No hagas piquetes; practica el vandalismo. No protestes; desfigura. Cuando la fealdad, el pobre dise–o y el derroche estśpido te son forzados, vuŽlvete ludita, mete el zapato en la rueda, contraataca. Destroza los s’mbolos del Imperio en nombre de nada sino el anhelo de gracia del coraz—n.