Discursos transcursivos: Del autor al texto

Bruno Marcos Carcedo

 

Roland Barthes en su De la obra al texto comenta que Bataille es un escritor inclasificable: ¿Un novelista, un poeta, un ensayista, un economista, un filósofo o un místico?. Comenta también que como respuesta a esta disolución de los géneros en su escritura, se prefiere olvidar a Bataille en los manuales de literatura francesa. Atribuye precisamente este ser inclasificable de Bataille a que su texto propone siempre una experiencia del límite.

Como aprecia Barthes la literatura parece estar más cercana al concepto de texto que al de obra y parece que su deseo es el de expandirse en una superación del límite hasta encontrar un ser exacto al pensar. La experiencia del límite que supone la disolución de los géneros, más allá del presupuesto un tanto utópico de la obra total, responde, más bien, a la persecución, que tanto en campos tecnológicos como expresivos se ha hecho, del devenir mental. Las técnicas del monólogo interior o la escritura automática de los surrealistas proponían ya una superación de la estructura de convenio del lenguaje en favor del pensamiento disperso, de una revinculación creativa donde se disparaba a la velocidad el pensar.

La primera aparición del cubismo, la polifonía, las diferentes técnicas de relativización del discurso venían a inaugurar la destrucción del núcleo donde se trenzaba el nudo trinitario autor-sentido-obra y a desmantelar así todo el plan categorial del lenguaje. Llevamos ya algún tiempo asistiendo a los efectos de esa maniobra que conocemos con el nombre de collage, un deseo de hiperperceptividad, de ubicuidad, de ampliación del tiempo presente y de relativización han destruido algo más que el límite de los géneros, han destruido también la narración instaurando la convención perceptiva del zapping que ha construido un panel de recortes sin hilván ante nuestros ojos, lo cual ha supuesto en el orden visual el abandono de la imagen en movimiento del cine en favor de la imagen fija de la fotografía. A la desarticulación de la narración le sigue indefectiblemente un empobrecimiento de la experiencia perceptiva. La desaparición de la narración produce el derrame del sentido, un lenguaje de la interferencia que pone en crisis la idea del emisor sujeto trascendental. Mientras que el collage supone una unidad de fragmentos el zapping es la yuxtaposición de fragmentos sobre el hilo del vértigo de la velocidad sin orientación del límite. La ausencia del horizonte del límite es realmente hoy nuestra experiencia del límite.

Pero a esta lógica de la destrucción del discurso se le ha impuesto una reorganización transcursiva, a la yuxtaposición que fragmentaba fotográficamente la visión en el zapeo y cuyo límite estaba en la velocidad se le ha impuesto otro zapeo que, intentando reproducir el devenir mental, ha pasado de lo que se podría definir como un pensamiento unimensional a otro pluridimensional propiciado por la hipervinculación. Toda la inabordable cartografía del enlace en internet puede establecer el espacio de una literatura con la que soñaban Borges o Barthes, una literatura que para ellos ya era inmanente, que flotaba sobre todo el corpus de la historia de la literatura de las obras literarias. Es curioso pensar en las teoría del texto y en internet, a la borgiana biblioteca de Babel los nudos habitados, al libro de arena navegar al azar por páginas que jamás volveremos a encontrar, al lugar mágico del hogar donde conectarse el Aleph, al texto de Barthes que flota sobre el lenguaje el hipertexto que flota sobre internet.

En este proceso el autor ha seguido el camino de desaparición del hombre previsto por Lévi-Strauss o Foucault. Una ilustración generalizada y la relativización han contribuido a la desjerarquización de los procesos comunicativos y a una ampliación del campo de la recepción y el diálogo que se encaminan hacia la abolición de la unidireccional experiencia comunicativa, que conlleva una abolición también de las experiencias en diferido a favor de las experiencias a tiempo real. Todo esto produce un replegamiento del autor. Pasamos de la concepción en la cual el mundo empieza a existir a medida que lo descubrimos a el hombre que empieza a existir a medida que el mundo se expresa a través de él.

Sin duda el texto es algo más que el intento pueril por escribir una novela en internet anónima y colectiva, es lo que esta chiste intenta evocar, una idea de cultura que traspase a través de la tecnología las fronteras físicas de la estulticia. Nuestra decisión sobre la forma en que debamos tejer este texto y el que asumamos al respecto nuestra mayoría de edad, nuestra ilustración sin delegar nuestra capacidad constructora será la que decida.

Mientras tanto deberíamos ir pensando en otra explosión ya anunciada, la que atañe al orden del signo.

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