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David
García Casado
>No existe
nada extramedial. Esa idea misma es un efecto que generan los
propios media.< (Adilkno)
Todo esta
mediado, el capital regula los recursos, el espectaculo es su
interfaz para las masas. La cultura, el lenguaje, las imágenes
que atraviesan ese interfaz se convierten siempre en capital
como producto especulativo. En un segundo plano estarían aquellas
manifestaciones que, pasando por este filtro (y pasan en gran
medida gracias a una tradición cultural y social que no se puede
obviar) pudieran resultar relevantes para un mínimo sector de
los usuarios del interfaz. Pero pensemos que estas manifestaciones
que para la mayoria son de segundo orden, para ciertas minorías
constituyen elementos cruciales en su entendimiento global de
la cultura, el lenguaje, el imaginario...entendimiento que constituye
un otro radical del espectáculo. El problema ha venido consistiendo
en la dificultad de cohesión de estas minorías para constituir
un interfaz alternativo cuyo producto sea, no el capital, no
el simbólico espectacular, sino la diferencia como valor radical
intensificador de la experiencia individual y por lo tanto de
su colectividad. Y es que cada grupo minoritario alberga una
idea de proyecto político y en última instancia cada individuo
posee una diferencia ideológica que imposibilita esa cohesión.
Pero el espectáculo es apolítico, abstracto, sin ideología,
es tan sólo una mediación; sus intereses son económicos (de
flujo financiero) pues ha nacido de ellos.
¿Podemos
seguir hablando de la existencia de un espacio público? ¿Ha
existido alguna vez un gran espacio verdaderamente público o
sólo microespacios TAZ, zonas no fortuitas, zonas de cohesión
temporales? Deberíamos de estudiar el por qué del nacimiento
de estos microespacios y darnos cuenta de que sólo es posible
el florecimiento de algo como tal, gracias a un potenciamiento
de canales que construyan una escena verdaderamente independiente,
no ya del capital sino de cualquier valor ideológico, idealizado
a priori.
>Es posible
que la palabra y la comunicación están ya podridas. El dinero
las penetra enteramente: no accidentalmente, sino por su propia
naturaleza. Hace falta apartarse de la palabra. Crear siempre
ha sido algo distinto que comunicar. Puede que lo importante
sea crear vacuolas de no comunicación, interruptores para escapar
al control.< (Gilles Deleuze)
Si el espacio
físico de las ciudades ya ha sido revertido por los media, transformado
en bloque, vendido, privatizado en su práctica totalidad, nuestra
privacidad se convierte en vía libre para las compañías. La
televisión es publicidad, no durante el espacio dedicado a los
comerciales, no, toda emisión pública (hecha pública) ya está
siendo dictada por la visión generada por todo un cúmulo de
intereses comerciales. Un imaginario del que nos resulta imposible
escapar, por que ya está construyendo nuestra relación con el
otro y que nos contagia día tras día, casi simpáticamente...
Jamas ha habido integración, no hay difusión del arte en lo
real, ni se han artistizado nuestros modos de vida. No hay creación
en el mundo, al menos no hay creación de mutuo acuerdo entre
nosotros y las cosas. Sólo ha habido una enorme escisión del
espejo metafísico en infinitos puntos de fuga de la mirada,
que recrean tantas otras sensaciónes, ya no determinantes en
nuestra sensibilidad. En cada esquina, una imagen-espejo (falsa
imagen) que nos fascina. Cada punto de la composición ha sido
diseñado cuidadosamente. Arquitectura de la mirada en cada fragmento,
en cada instantánea, no en su conjunto- ya imposible de visualizar-.
William
S. Burroughs habla en La Revolución Electrónica del cut-up "como
arma de largo alcance para borrar y atontar las líneas de asociaciones
dispuestas por la masa media". De este modo reconoce los complejos
sistemas de control que se basarían no en la apreciación de
lo real sino en su propia producción. Ya que según esta tesis,
las líneas asociativas se utilizan -hoy en día de modo sistemático-
como dispositivo de control de las lecturas interpretativas
y producciones de lo real, que expulsa y enajena todo aquello
extraño a esas líneas. O más bien, conduce a ignorar, invisibiliza,
todo aquello que no produce líneas asociativas claras, asimilables,
dirigidas directamente hacia el capital o el poder como principio
motor de identificación y de juicio moral
. >Las palabras
no tienen absolutamente ninguna posibilidad de expresar nada.
En cuanto empezamos a verter nuestros pensamientos en palabras
y frases, todo se va al traste.< (Marcel Duchamp)
El lenguaje,
las palabras, el virus, como canal que despliega el control
de lo pensable. Pero más alla de ello, la imagen, reproducida
hasta el infinito, anquilosando nuestro sistema nervioso a través
de órdenes, mensajes sin código que se instalan en nuestra conciencia
espejizándose. Construyendo imágenes sólidas de lo real que
deja de ser real pues no es consciente. Instantáneas o serie
de imágenes estándar que no asocian sino que disocian. Segregan
y jerarquizan. La imagen se convierte en referente de lo real
-cuando lo real es de hecho el referente, algo que es ajeno
a nuestro juicio, que ocurre como desgaste, como fricción, como
organismo-. Me refiero a la "cosa en sí" cuya única posibilidad
de convertirse en consciente para nosotros es la asociación,
un ejercicio alegórico que comunique desde el error (siempre
es error, la verdad no nos es adjudicada mas que en el "ser")
de la interpretación.
Y es que
ningún medio alcanzará jamás ningún fin, ninguna verdad, porque
no existe fin alguno. Tampoco es tiempo de impartir ideología.
Por muy tentador que parezca cualquier intento de afirmarse
ideológicamente, de definirse -singularizarse-, de demarcar
una distancia radical, de escupir toda la rabia contenida, sabemos
que es inútil, al menos en los canales massmediáticos, en el
monopolio de la asociación. La ideología es información, ofrece
coordenadas a la especulación y por lo tanto tiene un valor
de intercambio. La ideología viene implícita en cualquier manifestación
pero siempre en su lectura más o menos compleja, en su performatividad;
carece de centro. El arte y el pensamiento son entonces no simples
productos intelectuales, no esas categorías "arte", "pensamiento"
definidas por cauces institucionales, que parecen oler mal con
sólo nombrarlas, sino máquinas, mecanismos que nos producen
como imágenes y nos hacen participar de un diálogo perpetuo
- de un mestizaje - con lo otro. En definitiva nos convierten
en potencial revolucionario en la medida en que nos permite
ser capaces de sostener cualquier diálogo pues no hay un a priori
imaginario o ideológico, sino un a priori sensible, local o
translocal.
Potenciación
de canales, asociación, unión de los diferentes sectores independientes
capaces de difundir esta experiencia en todos sus aspectos,
partiendo de la crítica espectacular como una línea de estudio
de las contradicciones del capital que nos puedan ayudar a afrontar
sus estrategias de un modo no asimilable (sin que se puedan
identificar), tal vez utilizándolas, pero concediéndolas una
lectura simbólica radicalmente distinta. Lo espectacular no
funciona en sí por sus contenidos, sino por la lectura única,
genérica a la que pueden dar lugar (ese placer, demasiado humano,
de la comunión con la convención) , por la generación de una
sóla realidad social e intelectiva que suministra soluciones
concretas para problemas específicos, por una identificación
perpetua que impide cualquier tipo de deriva del significado.
Tal vez la cuestión sea ¿decido crear realidad, adentrándome
en los umbrales del espacio y del tiempo?, ¿decido asociar mi
propio contexto con otros? ¿decido hacer cine con las imágenes
que me rodean hasta conformar una singularidad performativa?
Véase
también en http://aleph-arts.org/pens
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