Comentarios sobre la red

La tecnología digital abre sus puertas a todo un nuevo mundo de creación el cual, además puede ser compartido, usado. 

La interactividad es una de las revoluciones que nos proporcionó la cultura digital, pero habrá que analizar hasta qué punto esta interactividad es algo nuevo. En cualquier acto que implique una decision y para el que sea necesaria otra cosa, ya estamos interactuando con ella.

La red plantea un nuevo espacio para el arte en el que no son válidos los patrones anteriores. Esta nueva estética no tiene demasiada relación con la que veníamos siguiendo hasta ahora, por lo que es probable que el arte separe irremisiblemente el camino de los creadores cibernéticos y el de los artistas plásticos. La principal diferencia radica en la interactuación entre el artista y su publico, se trata ahora, mas que nada de una construccion de significado que se alcanza mediante esta relación artista-espectador. El espectador se transforma mediante la interactuación en un intérprete de la obra para otro posible público inexistente. De este modo, cada obra de arte telemática será siempre diferente, ya que depende absolutamente de la actitud de su público. 

Otra de las grandes diferencias que introduce el arte de red es la ausencia de distancia entre el espectador y la obra, en un trabajo para Internet pueden entrar, jugar con él; la obra de arte deja de ser un objeto de admiración distante para convertirse en acto. En la red no hay una jerarquía establecida entre quien transmite la información y quien la recibe. La voluntad del público sobre lo que quiere ver, cuándo y cómo verlo, puede ser realizada a su antojo. El navegante debe tener una disposición activa con respecto a lo que le es transmitido. De esta manera el receptor se transforma en emisor a un mismo tiempo. Y no podemos ignorar este hecho cuando planteamos un trabajo para este medio. El público potencial que va a observarlo no tiene los límites que se imponen de manera inevitable en otro tipo de espacios de representación. 

La particularidad más atractiva de la red no radica solamente en la velocidad a la que accedemos a la información, sino en que es un medio en el cual todos podemos dejar constancia publica de nosotros mismos. Del mismo modo en que nosotros podemos asomarnos a todos los rincones del mundo, podemos ser observados por ellos, con el mismo anonimato. Lo público y lo privado diluyen sus fronteras. 

Con el fenómeno de Internet el hombre se enfrenta por primera vez a la ausencia de algo tan cotidiano como la distancia; navegando por la red, con frecuencia no sabemos ni siquiera de que país procede la información a la que estamos accediendo y, a decir verdad, tampoco nos importa en exceso. Quizá esto tenga tambien una parte negativa: tendemos normalmente a la búsqueda de aquello que no está a nuestro alcance, y el empequeñecimiento de un mundo donde ya no hay distancias, donde todos sus puntos son inmediatamente localizables, puede producirnos una cierta sensación claustrofóbica, similar a la que experimentamos cuando pasamos demasiado tiempo en un sitio del que ya lo sabemos todo, donde ya no hay lugar para el misterio.

Esto significa un cambio sustancial en el modo de relacionarnos con nuestro entorno, es más, un replanteamiento de cuál es ahora este entorno que nos rodea. Probablemente estemos más cerca de los lugares que visitamos con frecuencia, o de las personas con las que nos comunicamos habitualmente por la red que de otras que físicamente se encuentran próximas, pero no comparten nada con nosotros. Pero esta relación que establecemos a través del ordenador, aún no se ve como algo natural. La cibercomunicación nos ha llegado casi de repente y es lógico que la adaptación a ella nos cueste más de lo que nosotros mismos quisiéramos. Es inevitable que una parte de nosotros despersonalice lo que estamos viendo, le quite autenticidad y nos incline a un cierto escepticismo. Pero a pesar de esto, no se puede negar que Internet nos proporciona el mejor y más rápido medio de comunicación que hemos tenido nunca. El mundo, ahora sí, nos cabe en el ordenador y nos podemos mover a través de el de forma inmediata. Si bien, esto no quiere decir que, por el momento, desaparezcan las fronteras, ya que estas se encuentran fundamentalmente en un plano psicológico, cultural.
 

Cristina Arqued Sanz